RAIGAMBRE

Revista Cultural Hispánica

lunes, 3 de junio de 2013

"¡A LA TIERRA NO LA ENGAÑAS!", POR ANTONIO MORENO RUIZ.


Una de las cosas que más echo de menos de mi tierra es la época de la recolección de la aceituna. Una vez, trabajando en el campo, un viejo me dijo: "¡Niño, aquí, con nosotros, aprendes más que en la universidad!" Vive Dios que no iba muy mal encaminado...

Un componente de aquella cuadrilla me dijo una vez una de las frases más sabias que he escuchado en toda mi vida: "¡A la tierra no la engañas!" Recuerdo que me estaba explicando cómo su padre le enseñaba a sembrar, y que una vez, de chico, pensó que echando más abono de la cuenta, los tomates le iban a salir igual de buenos..... Y ahí aprendió una lección para toda la vida: La tierra requiere de un proceso, de un riego, de un viento, de un tiempo, de una dedicación... Que por mucha química que se le eche, si no se respeta eso, no vale. 

Sin embargo, hoy en día todo es químico/sintético. Los alimentos ni saben ni huelen como Dios manda. Y los pobres animales cargados de hormonas hasta.... Je, me río yo de la sensibilidad antitaurina. Porque soy de pueblo y más de campo que un terrón amo la naturaleza y no me creo nada de ellos, como tampoco me creo nada del "ecologismo oficial" ni de Al Gore, ese multimillonario que cuando fue vicepresidente de los Estados Unidos no hizo absolutamente nada por la tierra; y no por ello le doy la razón a ese supuesto complejo de superioridad de los post-ilustrados que se creen que el mundo es su tablero de ajedrez. Y nos estamos cargando hasta el sistema inmunológico, con tantas pastillas que nunca dejaron de ser drogas, ajenas a la naturaleza propia de nuestro cuerpo. 

Concuerdo con el tango argentino "Cambalache": "Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé", hasta ahí de acuerdo. Pero como dice el periodista peruano César Hildebrandt (*), si me dan a elegir, preferiría ser gobernado por los austrohúngaros (Como por tantos otros de la Historia) que por éstos. 

Así las cosas, ojalá pronto pueda ver a aquel compañero de aceituneras fatigas y recordar juntos, en el pueblo, cuándo y cómo me dijo esa frase; sintiendo pena por cómo se desprecia lo mejor que nos transmitieron nuestros mayores, es decir, la tradición.






(*)Véase:  




Antonio Moreno Ruiz

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