RAIGAMBRE

Revista Cultural Hispánica

lunes, 8 de septiembre de 2014

DEL “CELTISMO” Y OTRAS IMPOSTURAS

Imagen de culturas-beraber.blogspot.com


Por Antonio Moreno Ruiz 
Historiador y escritor 



El "celtismo" es en verdad una impostura anacrónica, y en España ha servido como "hecho diferencial" para distanciarse per se del conjunto español. Y lo cierto es que, por ejemplo, ni Galicia ni Asturias se entienden sin la mezcla con romanos y godos, y aparte, sin la introducción de una población mozárabe que, principalmente del sur ibérico, huyendo del poderío musulmán, acudieron al favor de los reyes norteños y ayudaron a repoblar y asentar las tierras ganadas a los moros. De ahí a que la arquitectura cristiana mozárabe sea santo y seña del noroeste peninsular, mucho más que en Andalucía, La Mancha o el Levante.

Ni el gallego ni el bable astur-leonés son lenguas celtas, por ejemplo…

Asimismo, la presencia celta no se redujo a determinadas zonas, sino que estuvo muy diseminada por toda la Península, desde Cantabria a la serranía de Ronda, y en muchos casos, en gran interacción con los iberos (y los vascones).

Concretando en Galicia, no es que se niegue un ápice de su rica cultura por extirpar los mitos románticos y disgregadores; al contrario: La identidad gallega, una de las máximas cunas hispánicas, es fuerte como un roble. No en vano dijo el sabio montañés Marcelino Menéndez y Pelayo que la cuna de la lírica hispana se encontraba en el tronco galaico-portugués, siendo también la raíz del Amadís de Gaula. Y es que dice mucho que ya en el siglo XIII pensara lo mismo Alfonso X el Sabio, quedando en su monarquía el excelso tesoro de las Cantigas.

Otrosí,  uno de los más bellos ejemplos de la cultura gallega se encuentra en su literatura, remozada fantásticamente entre los siglos XIX y XX, cuando la lengua gallega parecía muy de capa caída. No es cosa baladí que en autores a priori tan diversos como Rosalía de Castro, J.M. Pintos, Evaristo Martelo Paumán, Alfredo Brañas, Emilia Pardo Bazán o Ramón del Valle-Inclán se encuentren rasgos tan parecidos en cuanto a la confluencia de la capacidad lírica. Lirismo que incluso yo diría superior al de la parecida literatura portuguesa. Y es que no hay otro sitio en la Península donde se muestre tal expresividad emotiva, en conexión con el amor por la tierra y los caracteres íntimos. Eso sin hablar del humor negro, el doble sentido y la irreverencia tan características de la potente socarronería de este emblema vivo de las Españas.

Si bien en Vasconia y Andalucía los regionalismos se desbocaron desde antes de nacer en grotescas paparruchadas (del racismo de Sabino Arana al islamismo de Blas Infante), en Galicia y Cataluña, por ejemplo, se comenzó a dar un regionalismo cultural interesante, pero por desgracia, pronto desviado por importaciones de un romanticismo alemán que aquí nunca pintó nada y por inmediatos intereses politiqueros que, tras el desastre de 1898, aprovecharon el ambiente pesimista para esgrimir una teoría masónica procedente del siglo XVIII; a saber: Que la historia de España está toda mal, que hay que rehacerlo todo de nuevo, y que un federalismo iberista nos redimirá de las entidades políticas tradicionales, causa, junto al catolicismo, de todos nuestros males. “Mal histórico”, que de hecho, siguen repitiendo como papagayos desde liberales conservadores a ultraizquierdistas. Y por “federar” no entendieron unir, que es su etimología real, sino todo lo contrario: Separar, a toda costa, buscando “hechos diferenciales” por doquier. Y nada de eso ocurre en países federales como Alemania, Estados Unidos o Brasil, donde el más mínimo asomo separatista es castigado con todo el peso de la ley. Sea como fuere, fue en aquellas postrimerías decimonónicas cuando el galleguismo comenzó a dividirse más claramente entre tradicionalistas y republicanos, y acaso prevaleció la última opción, cada vez más marcadamente separatista. Castelao, uno de los adalides de esta corriente, dejó dicho:

"Los gitanos monopolizan la sal y la gracia de España y los españoles se vuelven locos por parecer gitanos como antes se volvían locos por parecer godos, la cosa es consagrar como español todo cuanto sea indigno de serlo... ¿Qué son la golferancia y el señoritingo sino un remedo de la gitanería? ¿Qué es el flamenquismo sino la capa bárbara en la que se ahogaron los fondos tradicionales de España, la cáscara imperial y austríaca, los harapos piojosos de la delincuencia gitana?"

"Siendo Galicia el reino más antiguo de España le fue negada la capacidad para asistir a las cortes, y ésta es una ofensa imperdonable; pero peor ofensa fue la de someternos a Zamora-una ciudad fundada por gallegos, pero separada ya de nuestro reino y diferenciada étnicamente de nosotros-. Con razón el exaltado Vicetto escribió estas palabras: " ¿Y quién le negaba (a Galicia) ese derecho de igualdad y solidaridad entre los demás pueblos peninsulares? Se lo negaba la canalla mestiza de gallegos y moros que constituía los modernos pueblos de Castilla, Extremadura, etc. Se lo negaba, en fin, esa raza impura, adulterada sangre"

"Y si la raza fuese, en efecto, la determinante del carácter homogéneo de un pueblo, sin que por así creerlo incurriésemos en pecado, bien podría Galicia enfrentar su pureza con el mestizaje del resto de España, atribuyéndole a la sangre árabe la indisciplina, la intolerancia y la intransigencia con que los españoles se adornan".


Alfonso Daniel Rodríguez Castelao
Imagen de www.galantiqua.com



Normalmente no se habla de esto, como no se habla del racismo enfermizo del fundador del PNV, ni de las tonterías separatistas-islamistas de Blas Infante. Ninguno de estos líderes, asimismo, conectó jamás con su pueblo. Y de hecho, cuando se impuso el café para todos de las taifas caciquiles, en Galicia sólo fue a votar el 30% de la población y en Andalucía el 37. Empero, desde el PP a la extrema izquierda están de acuerdo en ensalzar a todos estos impresentables en su "fiesta de la democracia". Y es que Castelao, al igual que Arana y otros separatistas antiespañoles, profesaba un odio brutal a los andaluces, y era un odio a base de tópicos que demuestran un abismal desconocimiento sobre la identidad andaluza, según el filósofo José Ortega y Gasset, la más fuerte y “diferencial” de España. En cambio, este odio antiandaluz no fue óbice para que Blas Infante colaborara activamente con todos ellos; y encima, nos lo hacen “padre de la patria”…

En fin: El caso es que la lengua gallega, así como su identidad regional-cultural, resurgió por mor del talento de una serie de gente que, ya en castellano ya en gallego, exhaló la calidad de su tierra. A día de hoy, ya sea en gallego o en castellano, mayormente no se hace más que basura. Y ante eso, pocas imposiciones estatales-escolares caben. Antes había tiempos duros, pero quizá eran más propicios para los genios, pues se valoraba más el talento. A día de hoy se valoran otras cosas. Y así nos va: Buscando “celtismos” y demás anacronismos y exotismos para terminar de romper una España que parece gozar en una orgía de autodestrucción. Será como dijo Bismarck, que “España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido”. Tal vez el día que dejemos de querer destruirnos, volvamos a hacer grandes cosas, como asimismo apostilló el germánico canciller de hierro.

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