RAIGAMBRE

Revista Cultural Hispánica

domingo, 3 de noviembre de 2013

ALGO DE BLASCO IBÁÑEZ



Por Antonio Moreno Ruiz


Desde hace tiempo me apetecía escribir sobre este afamado escritor valenciano de aragoneses orígenes. La verdad es que tenía ganas de esta lectura, pues desde hace tiempo propios y extraños me la han recomendado. Recordaba alguna adaptación cinematográfica y una serie que se hizo de su vida, amén de una biografía que ahora me he vuelto a leer. Bien, pues en base a Los cuatro jinetes del Apocalipsis y de la biografía de Concepción Iglesias hablaremos de este autor:

- Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Vicente Blasco Ibáñez. Biblioteca "El Mundo".

 Una novela en dos volúmenes que tenía en casa desde hace mucho tiempo. Creo que sus novelas regionales son de mejor calidad. Acá estamos ante una novela propagandística, en connivencia con algún político francés frente a la Primera Guerra Mundial.

Sin duda Blasco Ibáñez demuestra sus dotes descriptivas y narrativas. Mezcla (Como a un servidor le gustaría para sí) con soberbio talento lo autobiográfico y lo imaginativo. Enlaza diálogos e historias desde Sudamérica a Europa con mucha habilidad.

Creo que fue José Javier Esparza quien dijo que en los años de la Gran Guerra en muchos casinos españoles se vivían auténticos sainetes politiqueros entre los llamados "aliadófilos" y "germanófilos", y que genios como Unamuno o Blasco Ibáñez participaran de eso creo que les desluce un poco. Presentar a los alemanes como una especie de demonios desfigurados tampoco lo veo, sin por ello decir que eran santitos. No entiendo tanto odio a los "imperios centrales" cuando Francia, siendo la primera imperialista, es presentada como un remanso de libertad. Creo que la Primera Guerra fue algo demasiado complejo como para querer simplificarlo en esas maneras. Aunque toda la vida política de Blasco fue una burda simplificación, basada en un primitivo odio anticristiano al alimón de un liberalismo republicano que nada construyó y que cuando le llegó la hora fue apeado por el marxismo, quien aprovechó el terreno que le había dejado.

Con todo, en un futuro quisiera ir a por Cañas y barro, Entre naranjos o La barraca, por las que aún guardo curiosidad.

A todo esto, la película protagonizada por Glenn Ford está totalmente cambiada hacia la Segunda Guerra Mundial. Hace poco la pusieron en no sé qué canal y ya decía yo que no me cuadraba....



- Blasco Ibáñez. Un novelista para el mundo. De Concepción Iglesias. Ed. Silex.

Retornando a la biblioteca paterna, he vuelto a leer esta biografía a la que de pequeño le hinqué el diente pero apenas guardaba memoria de ello.

Es una biografía que conecta la exhaustividad con la síntesis, lo cual es muy de agradecer. Desde los más orígenes de Blasco Ibáñez hasta su infancia, adolescencia, su época de agitador revolucionario, sus comienzos literarios, sus años universitarios, sus idas y venidas, sus amores y desencuentros, sus encarcelamientos, su época de colonizador en la Argentina, su pobreza y riqueza, el Blasco conferenciante, el Blasco reclamado en los Estados Unidos, el Blasco que se atreve como guionista cinematográfico....Es el Blasco de los periódicos al chalet de la Malvarrosa, es el Blasco de los Alpes a la vuelta al mundo, el Blasco de la polémica en México. El Blasco duelista. Aquel que dijo que quisiera que la mayor obra literaria fuera su propia vida, y a viva fe que lo consiguió. Es el amigo de Benito Pérez Galdós y Joaquín Sorolla, es el Blasco en la Gran Guerra, el Blasco del descanso en Menton. El Blasco que conoció el reconocimiento en vida pero también muchos sinsabores de parte de más de un colega literario. Es el Blasco retratado por Zamacois y Palacios Valdés. El Blasco de la vuelta al mundo que renuncia a la Academia de la Lengua por no perder un activismo político que si bien dejó de entusiasmarle, nunca abandonó realmente. El Blasco del teatro y la música clásica, del costumbrismo, el realismo y el naturalismo que nunca abandonó ciertos ribetes románticos. El Blasco que rehusó una condecoración de un sultán turco, el que también rehusó con cierta pena la ciudadanía francesa por no perder la española. Una vida prolífica y tremebunda.

Me ha ayudado mucho a hacerme una idea general acerca de este protagonista de una parte importantísima de nuestra historia, historia que marcó a partir de su propia existencia. Las cartas con Pérez Galdós, muy en la misma onda liberal y de profundo odio e incomprensión a la España tradicional, a la par que una “generosidad” desmedida con variopintos extranjerismos, así como las experiencias narradas por el autor ayudan muchísimo a forjar esta buena biografía, reitero, bien redactada y encauzada, de este personaje con el que, si bien ideológicamente en absoluto me siento identificado, reconozco su papel para con las letras españolas, desde un talentoso punto de vista regionalista valenciano.

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