RAIGAMBRE

Revista Cultural Hispánica

lunes, 16 de junio de 2014

NO AL TRAPO TRICOLOR


Por Antonio Moreno Ruiz


Es difícil encontrar una moda que no sea estúpida. Con todo, si hay una moda estúpida en nuestros días es la evocación de la mediocre y criminosa II República y su bandera (la I República siguió usando la bandera roja y gualda). Un régimen que jamás llegó por el voto popular, pues éste se decantó por las formaciones monárquicas (hasta que Alfonso "XIII" pegó la "espantá", dejando en la estacada a tirios y troyanos), y cuyo significado vexilológico constituye un error histórico que provoca risa, resulta que es presentado como la solución a todos nuestros problemas... Nada más y nada menos.

Y no contentos con eso, muchos, cayendo presa de esta moda, aluden a un republicanismo bicolor con una ilusión que se antoja tan infantil como farsante.

En fin, resumiendo, que es gerundio:

-El régimen actual poco o nada se diferencia de una república. Con todo, tenemos muy cercano el ejemplo de nuestros hermanos portugueses e hispanoamericanos con respecto a las repúblicas. Una república per se no soluciona absolutamente nada. La república portuguesa, ruina de nuestros hermanos de allende el Guadiana, es más cara que el presupuesto de Juanca y compañía. Y eso por no hablar de repúblicas como la italiana o la francesa.

-El color morado no tiene ni sentido ni lugar en nuestra bandera. Primero, que ciertos masones del XIX evocaran a los comuneros (al igual que lo hacen ciertos dizque tradicionalistas actuales) resulta esperpéntico. La revuelta de las Comunidades (también ramificada por Galicia y Sevilla) no luchaba por ninguna "revolución libertaria": Fue un conflicto civil liderado por nobles y apoyado por buena parte de la comunidad judía; y aunque en principio estaba cargado de razón, acabó como el rosario de la aurora precisamente por el desorden entre ellos mismos. Luchaban por echar de la Corona de Castilla a los extranjeros, cosa que según el criterio progresista actual, sería xenófobo como mínimo... En fin, luchaban por poner a otro rey, ya fuera la madre o el hermano de Carlos I. Y jamás utilizaron un pendón morado. En el siglo XVII, el conde-duque de Olivares, uno de los paladines del absolutismo, usó un pendón de este color; y en el siglo XIX, Isabel "II", puesta en el poder por un golpe militar apoyado por la alta nobleza y el imperio británico, también. Pero ni los comuneros, ni Castilla la Vieja, ni la Corona de Castilla, usaron este color. Por ejemplo: En Salamanca (que no es Castilla la Vieja, sino reino de León) se conserva un pendón comunero y es carmesí... ¡Y con flores de lis!

Asimismo, resulta histriónico que los republicanos tricolores, tan filoseparatistas ellos, agiten este símbolo, puesto que los jacobinos del Ateneo de Madrid (entre ellos, Manuel Azaña, Alejandro Lerroux o José Ortega y Gasset), harto centralistas, creyendo ver otro morado en Castilla (en verdad por una bandera que estaba en mal estado, roja en el original), predicaron que Castilla era la médula de España. Sobre este terreno: Una cosa es Castilla la Vieja y otra la Corona de Castilla, en la cual nos insertábamos desde gallegos a andaluces y murcianos. ¡Pero es que esta institución es rechazada por muchos simpatizantes republicanos, como "andalucistas" y nacionalistas "vascos"! Entonces, ¿en qué quedamos? ¿No era Castilla la malvada, la culpa de todos nuestros males?  Cazada esta flagrante e hipócrita contradicción, vamos más allá: ¿Acaso la Corona de Aragón no fue médula de España? ¿Acaso no ayudó hasta la reconquista de Murcia y no extendió su influencia por África en particular y el Mediterráneo en general? O Navarra... ¿Acaso no estuvieron en la batalla de las Navas de Tolosa, que derrotó a los almohades y abrió el valle del Guadalquivir para la España cristiana?

No señores, el trapo tricolor, que sólo ha ondeado oficialmente cinco tristes años en nuestra historia (contra la voluntad de buena parte de nuestro pueblo), no tiene sentido se mire por donde se mire. Ni histórico, ni político, ni popular, ni nada de nada. Y ese trapo, al igual que ese supuesto "entusiasmo republicano", no es sino un símbolo de nuestra decadencia. Frente a ello, enarbolemos el orgullo de nuestra tradición, el pasado en marcha que nos hará renacer de nuestras cenizas.




¡DESPERTA FERRO!

¡JAUNGOIKOA ETA LEGE ZAHARRAK! 

¡SANTIAGO Y CIERRA ESPAÑA!







NO AL TRAPO TRICOLOR

¡VIVA ESPAÑA! 

VIVAN LAS ESPAÑAS Y SUS BANDERAS 

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